First Cow, Kelly Reichardt (2019)

Sin dudas, vuelve una vez más a ser el hombre el peor enemigo de sí mismo. Cuando la quietud del campo es interrumpida por un buque carguero, la mujer que pasea con su perro descubre dos cadáveres enterrados. El simbolismo es bastante claro: el barco penetra de izquierda a derecha la pasividad de un río calmo dando el puntapié al conflicto subyacente de la película, ¿naturaleza o capitalismo? El debate se dará en una lejana tierra, en un lejano tiempo. El encuentro fortuito con dos cuerpos enterrados, de los cuales se sospecha un cariñoso vínculo, da lugar a un viaje en el tiempo que nos conducirá a la historia de Cookie y su compañero King Lu. Cookie representa los aspectos más terrenales, casi taurinos si no fuera por su parsimonia. El es el paladar, el sabor, el arraigo a la tierra y el disfrute de la misma. Cookie sabe que todo lo que necesita está allí aunque King Lu busque comerciar con ello. Sin embargo los silencios, la pausa y la reflexión de este relato, enmarcan una amistad profunda y sincera. 

First Cow tiene un gran hallazgo: logra a partir de pequeñas sentencias generar una poesía simple y pura, como la de un haiku. Podemos palpar esta película, saborearla hasta trasladarnos sensorialmente a una aldea fría de pisos fangosos donde el olor a leche en fuego y pastelitos calientes, generan un profundo amor y apego. Si Twin Peaks huele a café, canela y donas, como todo Estados Unidos, este atópico Oregon huele a leche recién ordeñada y frutos salvajes. Requiere una profunda sensibilidad ante los aspectos más vulgares de la vida, lograr que el perfume de las cosas trascienda la pantalla. El 4:3 enmarca un cuadro de apariencia cálida. Es un tipo de formato más controlado, no se fuga y está contenido. Podemos encontrarle un vínculo bastante directo con la pintura impresionista, donde más allá de la elección de la paleta naturalista, el grano digital ayuda a reconocer la pincela. El sonido ambiente nunca desborda, siempre está calmo, sigiloso y verosímil. La pequeña orquesta que se ensambla entre el chasquido de nueces, la leña quemando y los pájaros en el bosque, generan una sinfonía dulce en la cual podríamos dormir la siesta. Una siesta que viene acompañada por un elemento formal importante, el leitmotiv musical. El sample de un arpa (o posible cajita musical), suena siempre igual en las escenas de mayor conexión entre el hombre y la tierra. 

La insistencia de Reichardt sobre la materialidad natural de las cosas y la forma en que intenta transmitirlas, pone de cara al conflicto con los comentarios capitalistas presentes: conversaciones sobre las ciudad, la venta de pieles e incluso la misma actividad que los amigos se ven obligados a ejercer. Se desdobla la ternura con la que el film viene trabajando cuando comienza la lucha por la propiedad privada encarnada en la única vaca que provee leche en el territorio.  La vaca representa en cuerpo propio esta disputa: es la maternidad y naturaleza, a la vez que es considerada un objeto de consumo e industrialización.  No hay lugar en un territorio tan hostil para dos amantes epicúreos. 

La persecución que viven sobre el final torna, sobre todo en Cookie, el placer en miedo. Carl Jung dice que cuando tienes miedo quedas petrificado y mueres antes de tiempo

Por Sofía Lena Monardo.

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